12/04/2008
Texto: Luis Viadel
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¿VIOLENCIA DOMÉSTICA?

Esta plaga de asesinatos que venimos padeciendo, hipersensibiliza a los ciudadanos. Con demasiada frecuencia los periodistas inician los telediarios anunciando la muerte de alguna mujer a manos de su ex marido, esposo, amante o novio celoso. 

Se ha convertido en algo tan cotidiano que en lugar de pasar desapercibida la noticia enardece al ciudadano de a pie, que no entiende donde está el problema, cuales son las causas y el relajamiento de algunos jueces al aplicar las penas a los maltratadotes. 

Tanto es así, que todo el mundo está pendiente de sus vecinos para, ante cualquier anomalía, avisar urgentemente a las autoridades, colaborando como exigen las leyes naturales de la ciudadanía. Pero hay que tener mucho cuidado porque nuestro idioma es muy rico en vocablos y la fonética a veces nos juega malas pasadas. 

Para muestra un botón. Copio textualmente, sin quitar ni poner una sola coma, el artículo que apareció en un periódico firmado por la Redacción. 

“Lo que pasa en cada hogar es asunto de sus ocupantes, salvo que una causa de fuerza mayor haga necesario investigar un presunto asunto de malos tratos o sea precisa una intervención por accidente o similar. Una vecina de Lorca llamó al teléfono de emergencia el pasado (?) fin de semana asegurando que estaba escuchando durante toda la tarde gritos de una mujer pidiendo socorro. Rápidamente se desplazó hasta el lugar un par de agentes de la Policía Local acompañados de efectivos del Cuerpo de Bomberos. Un policía llamó al timbre de la vivienda de donde supuestamente procedían los gritos y de ella salió un joven. El agente, con mucha educación, explicó que habían recibido una llamada de una vecina advirtiendo de que estaban gritando “¡Socorro, socorro!”. El vecino, seguramente después de tomarse unos segundos, tuvo que explicarle que la mujer era su novia y que exactamente no estaba pidiendo ayuda, sino que decía “me corro, me corro”. Sonrojados ambos, el vecino y el agente se despidieron. 

Seguramente la mujer a partir de ahora elegirá otra frase para sus gritos.
 
Luis Viadel