15/04/2008
Texto: Luis Viadel
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14 DE ABRIL

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República española. Dos días antes el rey Alfonso XIII sufrió una gran derrota moral en las elecciones municipales y la bandera de España se convirtió en tricolor. Al mismo tiempo una señora con gorro frigio pasó a ser su representación gráfica.

Después de 77 años es inevitable preguntarse si aquella efemérides, aquel cambio social tan brutal dejó huella en nuestra actual joven democracia o si por el contrario, y a tenor de los comportamientos que vemos cotidianamente en nuestra derecha de pandereta, nos retrotrae de nuevo al pasado.

“Se quiso dar el salto a Europa, modernizar el país, construir un Estado federal, separar la Iglesia del Estado… En 1975 se retomó la historia en el mismo punto en que se dejó” ha dicho Ángeles Egido profesora de Historia Contemporánea de la UNED. Y añade: "Los tiempos han cambiado. La España de hoy dista kilómetros de la de los años treinta, pero ese período corto, intenso, permanece vivo como el primer referente democrático en nuestro país.” 

Recordemos el artículo primero de la Constitución que se aprobó el 9 de diciembre de 1931, siete meses después de que cayese la Monarquía de Alfonso XIII: “Una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia” Durante cinco años España fue una República parlamentaria y constitucional.

Después de la Primera Guerra Mundial, todas las repúblicas que fueron naciendo en Europa acabaron destruidas por fuerzas reaccionarias, regímenes fascistas y autoritarios.

Aquí un grupo de generales se subleva contra la República y en el último momento se sube al carro el traidor general Franco
(todos habían jurado por su HONOR fidelidad a la República) y acaba ganando la guerra que duró tres años y donde murieron miles de españoles. El escritor católico José Mª Gironella los cifró en un millón.

En aquella Constitución ya se decía que “la República era un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y de las Regiones” Se introdujo el matrimonio civil, el divorcio, se otorgó el voto a las mujeres, se declaró la no confesionalidad del Estado eliminando la financiación estatal del clero. Algo que TODAVÍA hoy no se ha conseguido.

Orden, patria y religión fueron los principios del nuevo régimen fascista, autoritario y despiadado.

Franco durante su larga dictadura, en connivencia, en perfecta simbiosis con la Iglesia Católica, encarceló, torturó, mató y humilló durante cerca de cuarenta años a los vencidos, a los disidentes y a todos aquellos que se resistieron como el maquis. 

Miles de españoles tuvieron que emigrar para salvar sus vidas y muchos de los que se quedaron fueron condenados a muerte en juicios sumarísimos, por el delito (¡que cinismo!) de rebelión. 

En las escuelas nacionales y católicas nos enseñaron a millones de niños y niñas que la República, sus defensores y protagonistas, habían sido los causantes de la guerra (en la cadena COPE, la radio de la Conferencia Episcopal española se sigue diciendo) y que Franco había sido el enviado de dios para salvarnos. 

Murió el dictador (Caudillo de España por la gracia de dios), llegó de nuevo esta democracia y muchos pretendieron hacer borrón y cuenta nueva como si no hubiese pasado nada. Las calles siguen rotuladas con los nombres de los represores, la Iglesia campa a sus anchas y sigue cobrando del erario público. Los profesores de religión los nombran los obispos y el estado (todos nosotros) paga sus nóminas. 

Siguen habiendo cadáveres de los vencidos sin identificar, enterrados en las cunetas donde fueron fusilados vil y cobardemente. La derecha se opone sistemáticamente a restituirles la memoria. 

Durante la dictadura en las fachadas de las iglesias de todos los pueblos aparecían los nombres de los muertos del bando llamado nacional. Miles de cadáveres de rojos permanecen olvidados, perdidos, abandonados…

Murieron por defender aquello de lo que hoy disfrutamos todos, la democracia, la libertad… que unos desalmados nos arrebataron por las armas. Ya es hora de que les devolvamos la dignidad y la memoria a quienes la defendieron con su vida: los vencidos de la guerra y las víctimas del franquismo.
 
 
Luis Viadel