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07/05/2008
Texto: Antonio Plá Piera
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Estos días hemos recibido la noticia de otro incendio, en la Residencia de la Tercera Edad de Moncada dependiente de la Conselleria de Bienestar Social.
Esta residencia como las múltiples residencias que a modo de negocio por falta de plazas públicas existentes en la Comunidad Valenciana se extienden por toda la geografía, es un recurso del cual la sociedad está necesitada y hay que fomentar y ampliar la cobertura. Una sociedad donde cada vez nuestros mayores se hacen más mayores, donde ser mayor ya no es tener 65 años, es tener grandes necesidades de cuidados que muchas veces ya la familia no puede cubrir.
No pueden cubrir esas necesidades en muchos casos porque socialmente hemos cambiado, porque esos cuidados que antes recaían sobre las espaldas de las mujeres, hoy en día no es posible por su justa incorporación al mercado laboral. Además la estructura familiar y social ha cambiado incluso la mentalidad de las personas mayores que entienden que en una familia que trabajan todos, o que los sitios son pequeños, tener que aplicar unos cuidados a miembros dependientes genera grandes problemas y dificultades para poder llevarlos a cabo.
Así pues, en muchos casos, no es porque no se quiera al abuelo/a, al dependiente, es porque no se puede dar todos los cuidados necesarios de calidad en el domicilio cada vez más impersonal, pequeño y aislado.
También ha cambiado el concepto de residencia (lugar donde se aplican unos cuidados, donde comparten libremente unas personas con problemas parecidos) al que se tenía antes, un lugar de reclusión, un lugar de abandono. Ahora bien, la mayoría de personas no puede acceder a las poquísimas plazas de residencias públicas avocando en múltiples casos al sangrado económico de las pensiones y sueldos de los familiares para poder pagar un lugar donde confiamos a nuestro ser querido, que muchas veces es una necesidad imperiosa, y que aparte de ser un negocio bastante rentable debiera dar una calidad mínima, una seguridad a la familia y a la propia persona que se empeñaría en entrar en un lugar donde les pagas para cuidarles y tener seguridad de su integridad como personas.
La administración se debería emplear a fondo para garantizar la calidad de estas residencias sin salidas de emergencia, sin mecanismos de detección de incendios, sin asegurar una atención integral debido a la falta de personal o mecanismos de seguridad para que no se conviertan en ratoneras o lugares oscuros donde pasar los últimos y apacibles días de muchos de nuestros seres queridos, de muchos de nuestros mayores.
Deseamos y esperamos que Moncada y Massamagrell sean
recordadas como lugares de cuidado, de encuentro, y no como un “Cementerio de Elefantes”.
Antonio Plá Piera
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