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08/07/2008
Texto: Rafael Hernández
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Cuando un partido político, sea del signo que sea trata de vetar a un medio de comunicación mal le anda las cosas.
Señal evidente que en el interior de sus tripas carecen de argumentos claros y concisos para rebatir, y lo peor es que no encuentran salida o alternativa para desmenuzar el atolladero en el que se ven envuelto.
Lo más fácil para sacudirse las pulgas es criticar o censurar a aquellos que piensan, opinan y dicen lo que a las claras ellos son incapaces de corregir. Pretender impedir que un medio cumpla con la misión de informar, es verse apocado y achicarse en la desesperación por parte de dichos censuradores incapaces de resolver los problemas internos en los que se encuentra sumidos.
Ahora en plenos Sanfermines cabe más que nunca agarrar al toro por los cuernos, y el que sea tan tarugo e incapaz afrontar sus miedos y fracasos que lo deje y se marche a su casa.
El político trabajador y honesto por una causa debe ser consecuente consigo mismo, y cuando se de cuenta que es ineficaz y de llegar más allá es el momento de abandonar, a no ser el clásico personajillo que esté metido en política por enriquecerse de alguna u otra manera consiguiendo tratos a favor y de otras cientos de formas.
Los partidos deben renovarse cada cierto tiempo, con caras nuevas y gente emprendedora e ilusionada que pretenda trabajar por el propio partido y por la sociedad. La política desgasta y quema, no se puede uno apoltronar y verlas caer solas, ya que cuando esto sucede se pierde interés por lo que uno estaba trabajando.
Si se necesita sabia nueva hay que dejar paso a esa nuevas corrientes y a que venteen nuevos y frescos aires y aquél que ya se ha secado como una pasa que se dedique a recoger perejil.
Pero vetar a alguien por incompetencia propia denota poca caballerosidad y mucha cobardía.
Quien veta tarde o temprano acaba por hundirse. En la política hay que diferenciar los pecados de los hombres y la limpieza de las ideas.
Rafael Hernández
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